La Carta

La Carta, cuento publicado en abril de 2012 por la revista Rescepto numero 7.

La Carta, short story published on Aphril 2012 by the magazine Rescepto issue 7.

Tumbado en la hierba miro el cielo. Las nubes toman extrañas formas, mi “padre” una vez me dijo que si uno se fijaba muy bien en ellas acabarían tomando formas conocidas; desde el día en que me crearon he subido trescientas ochenta y dos veces a este monte, me he tumbado tantas otras veces en la hierba y he observado las nubes, y todavía no he encontrado ninguna relación.
No siento rabia por ello, ni frustración; aunque quizás eso es lo que debería, no lo siento. Mi “padre” decía que era normal en mi, que le pasaba a los otros, que no me preocupara, pero nunca me he preocupado por ello, simplemente lo sigo intentando, algún día quizá lo conseguiré, ese día iré a la tumba de mi “padre” y se lo contaré. Pero esta vez tampoco ha podido ser, en cada aniversario de la muerte de mi “padre” subo a aquella colina y miro el cielo. Mucho ha pasado desde la primera vez, pero no importa, no tengo prisa, para mi el tiempo es algo relativo, no me ocurre como a vosotros, que notáis el pasar del tiempo, lo perdéis.

Dicen que el tiempo es oro, si esto fuera así ya sería rico, el tiempo siempre ha sido mi aliado, siempre me ha acompañado, siempre ha estado a mi lado, el único amigo fiel que no se ha marchado a la distancia, ya sea hablando literal o metafóricamente.

Tantos años de vida hace que pierdas a muchos amigos, incluso perdí a mi “padre” hace ya muchos años. Cuando murió no sentí pena, no sentí dolor, no sentí tristeza, no sentí absolutamente nada. Yo hallé el cadáver, fui el primero en encontrarlo, en el suelo del salón, el periódico desperdigado por doquier, como cada mañana. Lo estaba leyendo nada más se lo había entregado el repartidor, pero esta vez algo fue mal, la mano se agarró con fuerza al pecho, un ataque al corazón. Ya estaba mayor, los doctores dijeron que fue rápido e indoloro, pero no le di importancia. Hubiera sentido lo mismo si se hubiera tratado de una muerte lenta y dolorosa durante semanas; hubiera sentido lo que siempre siento, indiferencia. Muchos me lo han echado en cara durante estos años, incluso me han perseguido por ello. Me llaman “inhumano”; cuanta razón tienen, pero no me importa, pueden insultarme todo lo que quieran, nunca me ha importado, así desde el comienzo de mi existencia.

Después de todos estos años, he visto mucho, he oído mucho, he podido vivir muchas vidas y compartirlas con mucha gente. He visto a la civilización pasar por muchos estados: paz y guerra, bienestar y malestar, en cualquiera de ellos he sobrevivido y volvería a sobrevivir, no es fácil acabar conmigo, nunca lo ha sido y es el motivo de que esté aquí todavía, después de tanto tiempo. Sin duda el ser humano es algo curioso, sus sentimientos le llevan a las más terribles atrocidades, en cambio, en cuanto hallan a alguien que carece de estos sentimientos lo rechazan y lo repudian, asustados por si hace el mal… curioso, sin duda.

Muchos se plantearán por qué escribo esto, especularán sobre si el hecho de que lo escriba demuestra que sí tengo sentimientos.

Sé que voy a defraudarles, pues tenía orden de escribir esto justo al llegar este día, el día del tricentenario de la muerte de mi “padre”, para enviarles esta copia y evaluar mis progresos, ver si he ganado alguna emoción, ver si soy más humano.

Espero no haberles decepcionado demasiado.

Atentamente, Robot PH-19374/ekcue-EFgAfarigAE/8540-1867
A.K.A.: Angie.

Leave a Comment