Cuervos

Cuervos, cuento publicado el junio de 2012 por la Universidad Miguel Hernandez.

Cuervos, short story published on June 2012 by the University Miguel Hernandez.

Era un día húmedo, el ambiente estaba cargado y el cielo encapotado indicaba que caería una fuerte tormenta. Uno de esos días que el aire sopla tan fuerte que produce extraños ruidos allí por donde pasa. En esos momentos el mejor lugar donde estar es resguardado en casa del frío y la lluvia. A la pequeña Carmen le gustaba jugar en el jardín hasta que llegaba su padre pero con ese tiempo era mejor quedarse en la habitación. Tumbada en el suelo y escuchando el viento golpear contra la ventana, el repiqueteo de la rama del árbol contra el cristal. Allí tirada pintaba en unos viejos folios que le traía todos los días su hermana desde el instituto, por un lado documentos o exámenes, por el otro, sus maravillosas creaciones.Desde hacía unos días siempre dibujaba los mismo, grandes pájaros negros revoloteando a su alrededor, cuando su hermana le preguntaba ella señalaba la ventana. Alicia, su hermana, no sabía que significaba aquello, imaginaba que había visto a lo lejos algún pájaro y de ahí los dibujos. Lo que no podía imaginar era que todas las tardes mientras ella estaba en clase y Carmen dibujaba en el suelo, un gran cuervo se posaba en la ventana y permanecía inmóvil vigilando y observando a la pequeña niña.Aquella tarde no fue una excepción y a pesar del viento y el frío el gran cuervo negro se posó en el alféizar de la ventana. Carmen se quedó mirándolo y comenzó a dibujarlo mientras sonreía. El animal permanecía quieto como una estatua como si estuviera posando para la pequeña niña.El sonido de la puerta de la entrada cerrándose fue una señal, como si el pistoletazo de salida se tratase, el ave se alejó volando contra el viento hasta desaparecer en la distancia. A los pocos segundos Alicia entraba por la puerta de la habitación.–Hola enana. ¿Qué tal? Te he traído más papel y unos colores nuevos –se sentó en el suelo y comenzó a mirar los dibujos de su hermana–. ¿Otra vez dibujando pájaros? Que manía te ha entrado, a ver si un día dibujas otra cosa –dijo sonriendo y haciéndole gracias a la pequeña.Carmen no alzó la vista del papel y continuó dibujando incluso cuando su hermana salió de la habitación. Alicia bajo las escaleras con pesadez, sabía lo que se iba a encontrar en el salón. Su madre, efectivamente, se encontraba en el sofá durmiendo la borrachera que había cogido al beberse una botella entera de vodka. Con cuidado la niña recogió la botella y apagó la televisión, luego se dirigió a la cocina para preparar la cena y que estuviera lista antes de que llegara su padre. Esa era su rutina diaria, por la mañana tenía que levantarse antes que nadie para preparar los desayunos de todos y arreglarse para el instituto, a la hora de comer mientras su madre veía la televisión y se emborrachaba en soledad se encargaba de su hermana, de la comida y de las tareas de casa, entre ellas ir a comprar al supermercado, el cual se encontraba a más de media hora de la casa en bici, pues esta se encontraba aislada en una urbanización medio abandonada debido a la especulación inmobiliaria. Tanto trabajo acababa provocando que en muchas ocasiones no tuviera tiempo ni para comer. En todos los sentidos Alicia se había convertido en el ama de casa mientras su madre se aislaba y desaparecía en la espiral del alcohol.Tras preparar la cena y la mesa Alicia tenía que despertar a su madre y conseguir que estuviera medianamente despierta para la llegada de su padre. Esto no siempre era fácil, los gritos y golpes eran terriblemente comunes. Pero Alicia conseguía lo que quería, a la llegada de su padre todos estaban en la mesa listos para cenar.El padre era una persona agria, de gran tamaño y corpulento, curtido por su trabajo desde hacía muchos años en una fábrica donde se encargaba de maquinaria pesada. Tenía unas manos rugosas y ásperas, como su carácter. Durante la cena sólo hablaba él. Vomitaba insultos sobre sus compañeros y jefes, contaba chascarrillos sobre los vecinos, siempre demostrando que el resto estaban por debajo de él. Era una manera de demostrar, engañándose así mismo, que su vida era mejor. Esa noche la cena transcurrió como siempre y mientras Alicia recogía la mesa su padre se giró hacia la pequeña Carmen que se encontraba cabizbaja y absorta a mucha distancia de allí.–¿Y tú qué? ¿Has decidido hablar de una vez? –la niña no levantó la mirada de la mesa–. Te estoy hablando. ¡Maldita sea! ¿Te crees mejor que yo? ¿Crees que puedes ignorarme y estar ahí callada sin ni siquiera mirarme? –Alicia escuchó la conversación y rápidamente fue al salón antes que se desatase la tormenta.–Antonio, ¿quieres algo de postre? –preguntó Alicia.–Estoy hablando con tu hermana –el tono era severo, el enfado iba en aumento–, si es que se puede decir hablar ya que esta maldita bastarda no suelta ni una palabra.–Está nerviosa, no le hagas caso. ¿No quieres una cerveza? –intentaba distraer su atención, que se olvidase de Carmen.–¡Te he dicho que te calles! –el grito vino acompañado de un fuerte golpe que lanzó a Alicia contra el suelo. Mientras su padre se levantaba amenazadoramente Carmen echó a correr escaleras arriba para ocultarse en su cuarto. Su padre al ver que huía se giró para seguirla pero desde el suelo una mano le agarró del pantalón impidiendo que fuera tras ella.–Así que esas tenemos. No eres más que otra zorra, y si eso es lo que eres te trataré como tal –con una violencia extrema Antonio cogió de los pelos a Alicia y comenzó a arrastrarla escaleras arriba hasta llegar a su habitación. La madre desde la mesa observaba la escena y sin inmutarse se levantó para coger una botella e intentar olvidar su vida y su existencia.Carmen se encontraba escondida bajo la cama, sollozaba en silencio y se agarraba a uno de sus dibujos. Desde allí podía oír los gritos ahogados de su hermana y los gemidos de su padre. Fue entonces cuando el cuervo volvió a la ventana, pero ya no permanecía quieto sino que se movía inquieto de un lado a otro y así permaneció hasta que los ruidos cesaron y la puerta de la habitación se abrió, era Alicia. En ese justo momento el cuervo echó a volar.Alicia se acercó a la cama y se sentó en el suelo, a los pocos segundos su hermana pequeña apareció y la abrazó con fuerza.–No te preocupes, ya pasó todo. No dejaré que te hagan daño nunca. No quería decirte nada todavía, pero he estado recogiendo dinero poco a poco y en unos meses nos podremos ir de esta maldita casa. En verano tendré bastante como para irnos lo bastante lejos. Tienes que ser fuerte hasta entonces. ¿Me lo prometes? ¿Podrás aguantar?– la pequeña asintió con la cabeza sin dejar de abrazar con fuerza a su hermana.Los meses pasaron lentamente en una rutina terrible donde la violencia psicológica, física y sexual era la tónica habitual. Poco a poco en sus visitas al supermercado Alicia iba consiguiendo más y más dinero. Junto a los pequeños trabajos de los fines de semana le daban los ingresos necesarios, sólo era cuestión de tiempo.Con la llegada del buen tiempo Carmen siempre se encontraba en el jardín, solía sentarse debajo de un frondoso árbol que proporcionaba una fresca sombra. Allí dibujaba sin parar, su gran pasión, aunque ahora no sólo se dibujaba a ella sino que incluía también a su hermana. El punto en común de todos los dibujos siempre era lo mismo, los cuervos. Pero ya no dibujaba uno sólo sino que según había avanzado el tiempo el número había crecido.l viernes cuando llegó Alicia sobre el tejado había diez cuervos observando. Ya no echaron a volar con la llegada de la hermana mayor sino que permanecieron inmóviles mirando fijamente a las dos niñas.–Hola enana. Tengo una buena noticia para ti. Mañana la señora Gómez me pagará el mes y nos podremos ir. He conseguido un tranquilizante que dejará dormidos a papá y mamá de manera que no puedan seguirnos. Cuando despierten estaremos bien lejos –Alicia le revolvió el pelo con la mano y marchó a preparar la cena. Por primera vez en mucho tiempo la pequeña Carmen sonrió mientras su hermana se alejaba.Esa noche Antonio llegó especialmente violento y los gritos en la habitación fueron más fuertes de lo normal, como si en el fondo supiera que aquella era la última noche en la que podría abusar de su hija. Una vez todo había terminado Alicia no fue a la habitación de su hermana. La pequeña completamente asustada se acerco al cuarto de su hermana mayor. Alicia se encontraba tumbada en la cama inconsciente, su cuerpo reflejaba la extrema violencia que había sufrido. Carmen cogió la manta que había caído al suelo y la tapó con cuidado. En su mirada no había dolor, ni tristeza, sólo ira. En la ventana dos cuervos observaban inmóviles, permanecieron atentos toda la noche, vigilando.A la mañana siguiente y a pesar del dolor Alicia se marchó a casa de la señora Gómez para así poder cobrar. Ese dinero era vital para poder fugarse de casa y nada iba a impedir que ella y su hermana se alejaran de aquella casa. Sólo habría que poner los somníferos en la cena y tendrían toda la noche para marcharse sin problemas.Alicia llegó con el tiempo justo para preparar la comida y dar la buena noticia a Carmen que seguía en el jardín dibujando.–Esta noche nos vamos –dijo sonriente a pesar del dolor.Los fines de semana eran días duros pues su padre pasaba todo el día en casa lo que solía enfadarle ya que era evidente que la relación con su mujer era nula y llena de discusiones y violencia. La tensión durante la comida era máxima.–Esta tarde te enseñaré algo práctico para tu vida –le dijo Antonio a Alicia señalándole con un tenedor grasiento–. El coche pierde aceite y necesita una revisión así que por la tarde te enseñaré a arreglarlo.–Como quiera padre –respondió sumisa Alicia, sólo tenían que aguantar hasta la noche y no era el momento de hacer enfadar a su padre.–Si tu madre me hubiera dado un varón las cosas hubieran sido muy distintas, pero no, me dio dos mujeres inútiles como ella –la madre lo miró y lo fulminó con la mirada pero no dijo nada pues aún le dolía la mandíbula de la última paliza.Por la tarde tras la comida todos se encontraban en el jardín menos la madre que se introdujo en la bañera con una botella en la mano. En el jardín Carmen se encontraba bajo el árbol dibujando, mientras observaba como su hermana estaba en el garaje junto a su padre. Éste se había metido debajo del coche buscando la fuga de aceite, tan sólo medio cuerpo asomaba y con gritos le pedía a Alicia distintas herramientas. Carmen dibujo un coche y unos pies saliendo de debajo, encima del coche comenzó a dibujar puntos y puntos negros. Un graznido llamó la atención de su hermana mayor, se giró y sobre el árbol pudo ver seis cuervos observando.–Papá, hay cuervos sobre el árbol y parece que nos estén mirand…–¡No digas tonterías y pásame una llave inglesa del seis!Carmen miró con rabia a su padre mientras gritaba a su hermana y continuó dibujando puntos negros. Sobre el tejado de la casa aparecieron otras tantas aves negras, todas se movían nerviosas de un lado para otro.Alicia estiró el brazo para darle a su padre la llave inglesa, la cogió sacando sólo el brazo de debajo del coche y la introdujo de nuevo bajo el vehículo.–¡¿Pero qué mierdas es esto?!–¿Qué ocurre papá?El padre comenzó a salir claramente enfadado, la cara roja por la rabia y el alcohol. La camisa manchada de grasa y suciedad. Carmen lo observaba y cada vez dibujaba los puntos negros con más fuerza, casi rompiendo el papel. Los cuervos empezaron a invadir todo el jardín, sobre la verja, en las ventanas, en la puerta, sobre el garaje. Pero Antonio estaba tan ido que no se daba cuenta.–¡¿Crees que esto es una llave del seis maldita estúpida?! –las palabras eran desmedidas al igual que los gestos. Zarandeaba la herramienta de un lado para otro y le señalaba amenazadoramente con ella.–Yo… lo siento… creía… –Alicia no sabía que hacer, iba retrocediendo poco a poco asustada.–¡¿Creías?! ¡Maldita puta! No eres más que otra estúpida zorra como tu madre y la inútil de tu hermana. No servís para nada, estoy harto de todas vosotras –todo ocurrió muy rápido. Antonio golpeó con la llave inglesa en el costado de la cabeza a Alicia, ésta cayó fulminada por el golpe mortal. Su cuerpo quedó inmóvil en el suelo mientras la sangre brotaba lentamente.El padre enfurecido, sin saber bien que había ocurrido se giró y miró a Carmen. La pequeña le miraba fijamente, desafiante, llena de odio. Antonio le señalo con la ensangrentada herramienta y comenzó a caminar hacia ella.–¿Quieres ser tú la próxima? Estoy harto que no me hables y me mires de esa manera.–Muere –fue el susurro que articularon los labios de la pequeña. Y con todo el odio que pudo reunir comenzó a “acuchillar” con su lápiz negro el dibujo que había hecho de su padre. En ese mismo instante todos los cuervos que se habían ido reuniendo en la casa se abalanzaron sobre el padre, picando y golpeando cada parte blanda que podían encontrar, una nube negra de plumas y picos de la cual nadie podría escapar. Los chillidos del hombre eran ahogados por los graznidos y los picotazos. En menos de un minuto todo acabó. El cuerpo del hombre estaba tumbado en el suelo, con las cuencas de los ojos vacías, sin lengua, la garganta abierta y el cuerpo agujereado. Los cuervos se habían alejado con la misma velocidad que habían acabado con el hombre.La niña se levantó y se acercó a su hermana, le acarició la cara y se marchó a su habitación donde cogió una pequeña mochila con folios y colores, en la mano aún llevaba su lápiz negro. Al pasar por delante de la puerta del baño se podía escuchar como del grifo brotaba agua sin cesar, por debajo de la puerta el líquido se salía mezclado con un rojo intenso. La niña abrió la puerta con cuidado, en el interior de la bañera su madre se había quitado la vida con unas cuchillas. Carmen no hizo gesto alguno, bajo las escaleras y salió por la puerta de la casa y luego por la del jardín. Comenzó a caminar por el sendero que llevaba a algún lugar desconocido, pero que era mejor de lo que ya había conocido.Junto a ella, un cuervo daba pequeños saltitos caminando a su lado.

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